Las abejas y otros insectos son vitales para la producción mundial de alimentos, ya que polinizan tres cuartas partes de todos los cultivos. Pero durante la última década, la población de abejas se ha desplomado a nivel mundial.

Una de las causas más grandes de este fenómeno es la exposición a los plaguicidas agrícolas, a través de insecticidas, herbicidas, fungicidas y otras toxinas sintéticas utilizadas en la agricultura industrial.

Los neonicotinoides, una clase ampliamente utilizada de insecticidas, son especialmente perjudiciales para las abejas de miel. Los neonicotinoides se pueden aplicar no sólo como spray, que es tóxico para todos los insectos, sino también como recubrimiento de las semillas. Cuando las semillas se tratan con neonicotinoides, la toxina se transfiere al tejido vegetal y está presente en el néctar y la savia de la planta, que las abejas utilizan para alimentarse.

El uso de estos productos químicos se ha relacionado con extinciones de la población de abejas a gran escala. Tanto es así que la Unión Europea aprobó el pasado mes de abril su uso. Se espera que esta prohibición entre en vigor a finales de 2018, momento en el que los neonicotinoides sólo se podrán utilizar en invernaderos cerrados. Esta resolución es un paso adelante pero no del todo completa, ya que los neonicotinoides utilizados en invernaderos se acabarán filtrando a las aguas subterráneas y acabarán a parar en los ríos y mares, donde pueden dañar gravemente la vida acuática.

Los pesticidas no son las únicas presiones sobre las poblaciones de abejas procedentes de la agricultura. Las abejas necesitan una diversidad de plantas a partir de las cuales recopilar suficiente polen y néctar. La agricultura intensiva disminuye esta diversidad y como consecuencia la calidad de los nutrientes que las abejas comen. Se ha comprobado que cuando las abejas tienen una alimentación pobre viven menos años.

Abella pol·linitzadora

 

La agricultura ecológica como solución

La agricultura ecológica protege y apoya la salud de las abejas de dos maneras:

  • Menos exposición a productos químicos tóxicos: los estándares agrícolas orgánicos prohíben en gran medida a los agricultores ecológicos del uso de plaguicidas sintéticos y requieren que utilicen técnicas integradas de gestión de plagas en lugar de confiar exclusivamente en plaguicidas.
  • Protección del hábitat nativo de la abeja y su biodiversidad: los productores ecológicos están obligados a gestionar sus explotaciones de una manera que mantenga y mejore los recursos naturales. Los campos de cultivo ecológico tienden a tener un paisaje más diverso con más flores para apoyar y alimentar las abejas.

Cada vez que adquirimos un producto ecológico apoyamos la salud de los polinizadores.

 

Camp de bledes d’agricultura ecològica

Molsa es la primera cooperativa de supermercados BIO de Cataluña. Todas nuestras tiendas tienen una sección de frutas y verduras ecológicas, y eso nos hace felices. La mayoría de nuestras frutas y verduras vienen de la cooperativa  Hortec. Hortec se creó en 1991 y fue la primera y única cooperativa de Cataluña que reunió productores de agricultura ecológica de manera exclusiva. La cooperativa reúne 18 agricultores de 10 comarcas catalanas diferentes. Esto posibilidad de cultivar especies diferentes, aprovechando las ventajas de cada clima y tipo de suelo. La mayor parte de los agricultores son medianos y pequeños, con sistemas de producción ecológica poco mecanizados y con volúmenes de producción relativamente pequeños, perfectos para los polinizadores. La superficie que cultivan juntos está en torno a las 100 hectáreas.